Valle de La Fueva, Pirineo Aragones (Huesca)

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Entorno y Naturaleza

Setas

Las setas fueron consideradas durante mucho tiempo un alimento de pobres, sin embargo, hoy constituyen uno de los manjares más exquisitos. El valle de La Fueva cuenta con numerosas zonas boscosas en las que es relativamente sencillo encontrar hongos y setas; ya que se trata de un terreno muy apropiado para las mismas, donde encontraremos una diversidad de especies y variedades increíble.

El otoño es el momento mágico para la observación, recogida y degustación de setas, que constituyen un maravilloso festival de formas y colores. Como cada año, la llegada de esta estación preludia la temporada de setas y el bosque se llena de aficionados a la búsqueda de rovellones, ceps, senderuelas, setas de cardo, trufas y mil variedades que alegrarán nuestros sentidos, si tenemos especial cuidado en la recolección. Para cualquier aficionado es muy importante abstenerse ante la duda, sólo de esta manera se podrá disfrutar del placer de la recolección y degustación de este exquisito manjar, sin sobresaltos ni percances innecesarios.

Y para aquellos que no seáis muy diestros en la búsqueda de las diferentes especies comestibles, tenéis la posibilidad de deleitaros al probar los suculentos platos que se elaboran en los restaurantes del valle. Todos ellos adornados con seps, rusiñoles, trompetillas, muixardones, trompetas de los muertos y, por supuesto, los famosos robellones recogidos en los suelos de los frondosos bosques que salpican los cultivadores paisajes de La Fueva.

Las montañas del valle de La Fueva contienen una gran riqueza de setas, dándose las mayores producciones en primavera y otoño. Los amantes de la micología disfrutarán con la gran variedad de setas y hongos, entre ellas la tan apreciada trufa, que aparecen después de las lluvias en sus extensos bosques.
La producción de hongos comestibles en los bosques y matorrales constituye una importante riqueza forestal.

El valle de La Fueva es pues un área de especial riqueza y variedad micológica. Además de disfrutar de magníficos paisajes, se podrán encontrar numerosos ejemplares de muchas especies. Los pinares de sus montes son muy frecuentados durante el otoño para recoger la seta más consumida en Aragón, el rovellón; pero no es esta la única especie que encontramos. En las zonas de tierra removida junto a los caminos o en el talud de la carretera, podemos encontrar el hongo de la tinta ó Coprinus comatus. Las amanitas también son frecuentes, así como los boletus, las fonguetas y el peligroso Tricholoma tigrium. Otras especies que podemos encontrar son la falsa oronja (Amanita muscaria), la oronja mortal (Amanitas phalloides), la seta de San Jorge (Tricholoma georgii), las colmenillas (Morchella esculenta), la trufa negra (Tuber nigrum), la calabaza (Boletus edulis), el champiñon silvestre (Agaricus campestris), el rovellón (Lactarius deliciosus), las setas de pino (Tricholoma terreum), la clavaria (Ramaria aurea), la seta del cardo (Pleurotus eryngii) o la seta del chopo (Agrocybe aegerita).

Las setas habitan en los terrenos húmedos, cálidos y oscuros, ya que no necesitan de la luz para sobrevivir. Abundan entre la materia orgánica y les gusta la lluvia. Gran cantidad de ellas son inofensivas, pero otras muchas son tóxicas, lo que hace de la recogida de setas para el consumo humano una actividad que requiere conocimientos muy precisos sobre la materia.
Se conoce con el nombre de seta la parte aérea y visible de los hongos, la cual tiene por misión la creación y difusión de las esporas, que son los elementos que permitirán la reproducción de la especie. Se diferencian de los vegetales porque no tienen clorofila y para sobrevivir necesitan estar sobre materia orgánica en descomposición, (como es el caso de los champiñones), parasitar en otros seres vivos (como el hongo), o vivir en simbiosis (como el níscalo con las coníferas).

Las setas son de medidas muy diversas, algunas apenas visibles, mientras que otras pueden llegar a medir más de medio metro. Presentan formas muy diversas, que recuerdan un paraguas, un embudo, una porra o un coral; las hay de forma aplanada, como un botón, o esférica, como una pelota, de colores variados y atractivos.

Existe una gran variedad de setas silvestres durante casi todo el año, pero es en el otoño cuando más abundan, tanto por la calidad como por la diversidad de especies. Es el otoño la época de mayor recolección de níscalos, barbudas o setas de cardo, aunque en primavera también aparecen variedades como la colmenilla, todas ellas muy apreciadas en la cocina. Cuando llega el calor o el frío invernal el hongo se completa de esporas para colonizar otras zonas y producir setas.

Para la correcta identificación de las setas hay que examinar atentamente sus diferentes partes. En el caso de las amanitas y especies de aspecto similar, es importante comprobar la presencia de la vulva que a veces queda tapada por la hojarasca. No todas las setas constan de todas las partes, muchas especies no tienen vulva ni anillo como es el caso de los rovellones, otras no tienen láminas. Hay que examinar atentamente las características morfológicas de las setas para poder identificar correctamente las especies. La consistencia de las setas es también muy diferente: mientras una seta de cardo tolera cualquier presión de transporte, una russula o una coprinus se deshacen con su propio peso cuando se colocan varios ejemplares unos encima de otros.

Entre las más buscadas y apreciadas de los pinares se encuentra el níscalo y el rovellón (Lactarius deliciosus y Lactarius sanguifluus), que suelen aparecer en nuestros bosques, según la lluvia y la zona, desde finales de agosto hasta mediados de noviembre, siendo el mes de octubre la época de mayor recogida. Otras especies como la seta de cardo o el Boletus edulis, conocido con el nombre de Cep, también cuentan con una gran aceptación por parte de los aficionados.

El rovellón es muy fácil de localizar, identificar y recolectar. Crece en pocos días y necesita pino, humedad y poca luz. El rovellón mediterráneo tiene tonos oscuros, verdosos y violáceos y al pasar la uña por la parte inferior de su sombrero desprende látex de color rojo sangre, (en Baleares y Valencia recibe el nombre de esclata-sangs, debido a esta particularidad); mientras que el rovellón pinatell desprende látex de color zanahoria. Existe la teoría de que cuanto más cerca del mar esté situado el pinar, mejor será el sabor del rovellón, pero numerosas regiones de España (Cataluña, Aragón, Navarra, etc...) presumen de contar en su cocina tradicional con tan preciado manjar.

Pero sin duda alguna, la estrella de todas las setas es la trufa o "perla negra". Las trufas, tan conocidas y apreciadas como escasas y difíciles de encontrar se encuentran bajo tierra en algunos terrenos del valle y son de difícil localización, pues los lugareños conocedores de estas zonas guardan celosamente su ubicación. Su desarrollo es mucho más lento que el de las setas, ya que crecen muy lentamente y a veces necesitan varios meses para alcanzar su tamaño adulto. Las trufas suelen crecer en terrenos calcáreos y pedregosos, secos y soleados, mientras que las setas buscan, por el contrario, zonas umbrías y húmedas. Por otra parte, crecen siempre bajo los árboles del género Quercus, especialmente encinas; y el hecho de ser subterráneas impide que se las encuentre fácilmente, teniendo el hombre que acudir al fino olfato de ciertos animales, cerdos o perros especialmente entrenados, para poder localizar los ejemplares enterrados.

Hay diversas variedades y entre ellas, las trufas negras son excelentes, carísimas y muy escasas. Otro tipo de trufa es la trufa blanca, que crece especialmente en las regiones mediterráneas de nuestro país.


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