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Como testimonio del solitario mundo de los anacoretas y eremitas, previo a la creación de los monasterios donde los monjes vivían en comunidad, está la ermita de la Espelunca. Se encuentra en lo más alto y abrupto de la Sierra Ferrera, en la base de una gran pared vertical.
ACCESO:Desde el Monasterio de San Vitorián un panel indicativo de madera nos muestra el comienzo de la senda que conduce a la Espelunca.
Para acceder a este recóndito lugar, deberemos ascender por una senda que parte del Monasterio de San Victorián. Después de unas dos horas, aproximadamente, de ascensión llegaremos a nuestro destino. La Espelunca se haya muy vinculada al citado monasterio, pues cuentan que San Victorián (santo del siglo VI), antes de convertirse en abad del monasterio, vivió allí durante algún tiempo como eremita. Siglos después se levantó, en conmemoración de estos hechos, una capilla y una casa de ermitaño al abrigo de la roca. Este eremitorio lo habitaba permanentemente un monje. Se trata de una ermita rupestre de cuatro plantas, abierta al sur y cerrada en su embocadura por una pared de mampostería con gran ingenio arquitectónico. Este antiguo eremitorio fue reformado en el siglo XVII por empeño del obispo Fary Íñigo Royo de Barbastro. En la actualidad, se encuentra en estado ruinoso y en espera de una pronta restauración.
Un panel interpretativo ubicado al pie de la ermita aporta información histórica sobre la misma. Además, desde este punto se divisa una maravillosa panorámica.