LUGARES DE INTERÉS EN LA ZONA
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Valle de Pineta, Valle de Añisclo)
Espectaculares
y sobrecogedoras montañas, extensos pastizales y bosques, violentas
cascadas y pacíficos ibones, profundos cañones y extensos glaciares, un
mundo subterráneo, un mundo helado, amplio mosaico de paisajes y
ecosistemas pirenaicos, forman el bellísimo paisaje del Parque Nacional
de Ordesa y Monte Perdido. El Parque fue creado el 16 de agosto
de 1919 con el fin de proteger la integridad de su variado ecosistema;
flora, fauna, aguas, atmósfera, y en definitiva, el conjunto del Macizo
de Monte Perdido como representación de los ecosistemas de montaña en
los Pirineos centrales sobre terreno calcáreo. Situado en la comarca de
Sobrarbe (Huesca) y enclavado en el Pirineo central aragonés, en él se
distinguen claramente dos alineaciones orográficas que concurren en el
pico Marboré: una, la cordillera axial pirenaica y otra, el macizo del
Monte Perdido perteneciente a las sierras interiores. Del Monte
Perdido, cima culminante del Parque y máxima altitud del macizo de las
Tres Sorores -El Cilindro 3327 m., el Monte Perdido 3353 m., y el Soum
de Ramond 3263 m.- surgen cuatro valles principales: el de Ordesa, el
canón de Añisclo, las gargantas de Escuaín y el valle de Pineta. Los
cuatro destacan por su belleza, resultando difícil destacar alguno de
ellos, pues todos merecen al menos un día de visita.
De estos el
más conocido y visitado es el valle de Ordesa, limitado y acotado por
unos recios paredones o "Mallos" que recortan el cielo con sus
imponentes cornisas. Ordesa esta surcado por el río Arazas y tiene su
límite este en el circo de Soaso, en la cascada de la Cola de Caballo,
y su final, por el oeste, en el puente de los Navarros. El cañón de Añisclo
esta surcado por el río Vellos, ocupando la parte alta del valle de
Vió. Numerosos barrancos de régimen torrencial se unen a su cauce,
entre los que destaca el barranco de la Pardina en la parte superior y
más angosta del cañón, ya próxima al collado de Añisclo. Este collado
se sitúa al pie de los macizos de las Tres Serols o Monte Perdido, al
oeste, y de las Tres Marías, al este, dando origen al río Vellos en la
divisoria de aguas que separa los valles de Añisclo y Pineta. Al parque pertenece la cabecera del valle de Pineta
o del Cinca, río que lo recorre en toda su longitud. Imponentes
murallas de más de mil metros de desnivel denominadas las Paredes de
Pineta jalonan el valle atestiguando su origen glaciar. En su cabecera
se encuentra el circo y el balcón de Pineta, una atalaya desde donde se
domina en una excepcional vista panorámica tanto el fondo del valle
como su cabecera, dominada por el lago helado de Marboré y los
glaciares colgados del Monte Perdido. Paralelo a este, y en un
paisaje totalmente diferente al resto del Parque Nacional encontramos
al pie de las laderas de las Tres Marías las denominadas Gargantas de
Escuaín. Rugiente y encajonado entre angostos paredones se encuentra el
río Yaga, que da lugar a uno de los monumentos más espectaculares con
que cuenta este espacio protegido. Al norte se encuentran flanqueadas
por la sierra de las Sucas (2803 m.), al sur por la mole del Castillo
Mayor (1983 m.), al este por el valle de Tella y al oeste por el cuello
Viceto o de Escuaín (2010 m.), desde el cual se observa una
sobrecogedora panorámica de profunda brecha abierta en plena montaña. El
paisaje del valle de Ordesa y Monte Perdido es tan magnífico y
sobrecogedor que nadie duda en calificarlo como uno de los mejores
parajes de la Península.
La excelente cobertura arbórea, con
muchos bosques conservados en un estado prácticamente natural, añaden
importancia al interés geológico y paisajístico de este enclave. Los
más abundantes son los bosques de pino rojo, hayedos, destacando el
bosque de abetos de Cotatuero. La vegetación, que en algunos
rincones es muy densa y de tendencia húmeda, se ve menguada por la
falta de espacio que imposibilita la formación de grandes bosques.
Encontramos gran diversidad de vegetal como hayedos, pinares,
carrascales, masas de abetos, tejos y arces entre otros. Son
destacables las plantas que viven en la roca. Entre la fauna merece destacarse el sarrio, el quebrantahuesos, el águila real, el pito negro o el tritón pirenaico.
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