LUGARES DE INTERÉS EN LA ZONA
Monasterio de San Vitorián
Para el viajero que se acerca por primera vez al monasterio de San Victorián,
la sensación de abandono es inevitable, no haciendo justicia su aspecto
actual a la gran importancia histórica del monumento. Sin embargo, pese
a los rastros que el paso del tiempo ha dejado en sus muros, este conjunto arquitectónico
no ha perdido ni un ápice de su encanto. Situado a los pies de las agrestes
y escarpadas rocas de la Peña Montañesa, nos ofrece, además,
unas de las mejores vistas de la comarca.
El antiguo monasterio de San Victorián de Asán, fundación
visigoda del siglo VI y del cual se desconoce con exactitud su emplazamiento,
fue destruido por los árabes, quedando abandonado hasta que en los inicios
de la denominada Reconquista (siglo XI) se volviera a fundar en Sobrarbe con
el mismo nombre. La presencia en el primitivo monasterio de personajes notables
permite valorar la enorme importancia de este cenobio, considerado por muchos
historiadores como el primer monasterio de la península ibérica.
Debe su nombre a San Victorián quien, llegado a estas montañas
procedente de Italia, se estableció en una cueva de la Peña Montañesa.
Pronto se convirtió en un taumaturgo famoso al que acudían todos
los enfermos de la zona en busca de curación. Movidos por las virtudes
de este varón, los monjes del cercano Monasterio de San Martín
de Asán lo llevaron al cenobio y lo nombraron abad. Tras la muerte de
Victorián, el monasterio tomó el nombre de su Santo Abad.
La refundación del monasterio se llevó a cabo por el rey Sancho
III El Mayor, para lo que trajo a monjes benedictinos procedentes de Cluny,
y respondía a una finalidad muy concreta, la de administrar y reordenar
el territorio reconquistado. Durante los reinados de Ramiro I (1044-1063) y
de su hijo, Sancho Ramírez (1063-1094), el monasterio de San Victorián
se convirtió en un gran centro monástico, dotado de grandes poderes
e innumerables posesiones, constituyendo una pieza elemental en los orígenes
del reino de Aragón. San Victorián pasó de ser una casa
de monjes, como tantos otros cenobios que existían, a transformarse,
junto a San Juan de la Peña, en uno de los dos monasterios más
importantes del reino. San Juan de la Peña desarrollaba sus funciones
en la parte occidental del reino, mientras que San Victorián lo hacía
en la oriental.
Las propiedades del monasterio de San Victorián, unidas al grueso de
las donaciones que recibió de Ramiro I y sus sucesores, permitieron que
se configurara en un señorío eclesiástico de tipo feudal
que articulaba la vida en su zona de influencia (no sólo en el aspecto
religioso, sino también en el económico y social). Debía
también su importancia al hecho de estar próximo a la frontera
con los árabes, donde se iban a desarrollar notables campañas
militares como la conquista de Graus y Barbastro. Pero esta situación
duraría poco.
Durante el reinado de los sucesivos monarcas, al avanzar la conquista de territorios
a los árabes, se produce el alejamiento definitivo del poder político
y militar que se traslada de la montaña a la tierra baja. A partir de
ahora, el monasterio dejará de jugar un papel clave en la consolidación
de la función religiosa comarcal y ya no será un punto estratégico
militar en la reconquista de la parte oriental del reino. Otro factor que influyó
en el declive del poder de San Victorián y en su alejamiento de la esfera
real, fue la introducción en el siglo XII de nuevas órdenes monásticas
y militares que mermaron la expansión de la orden benedictina, hasta
ahora con privilegios casi absolutos.
A partir de la segunda mitad del siglo XIV sobrevino una gran crisis que afectó
a todo el occidente europeo. Los señoríos feudales la acusaron
vivamente, pues al disminuir la población rural (debido a las hambrunas
y al azote de la peste) y perderse muchas explotaciones agrícolas la
producción decreció y en consecuencia las rentas agrícolas,
base de la economía señorial. Ante esta situación los señores
feudales reaccionaron subiendo los censos, lo que agravó las relaciones
sociales con el campesinado. Esto conllevó el aumento del bandolerismo
y de los enfrentamientos con los grandes propietarios. Todos estos factores
se dieron en el señorío de San Victorián y supusieron el
resquebrajamiento definitivo de su economía. El punto culminante de esta
degradación se dio cuando, a partir del siglo XV, la comunidad de monjes
de San Victorián pierde la facultad de elegir su propio abad, siendo
impuesto por el papa o el rey. Ello derivó en un gran perjuicio para
el monasterio, que a partir de ese momento languideció paulatinamente
hasta la desamortización del siglo XIX. Una muestra de ese imparable
proceso de decadencia fue la bula expedida en 1571 por el Papa Pío V,
que suponía la desmembración de las posesiones de San Victorián
con el fin de dotar la nueva diócesis de Barbastro.
De las obras medievales, emprendidas bajo el patrocinio de los primeros reyes
de Aragón, apenas quedan restos, siendo la mayoría de los edificios
que hoy podemos observar, obras de los siglos XVII y XVIII, debidas al interés
de los reyes Felipe III, Felipe V y Carlos III.
La actual iglesia fue construida en la primer mitad del siglo XVIII, siguiendo
una estructura gótica anterior. Posee planta en forma de cruz latina,
tres naves divididas en cuatro tramos, con cuatro capillas poco profundas en
el lado N, tres en el S y tres a los pies. Destaca también la cúpula
sobre pechinas en el crucero y un foso, que rodea a la iglesia por su cara norte,
para aislarla de la humedad. En los muros laterales de los pies de la iglesia
se encuentran las estatuas del rey Felipe V y de su esposa Isabel Farnesio,
bajo cuyo patronato se levantó esta obra. Muy cerca, en un sepulcro de
piedra, aún pueden leerse unas letras con restos de dorado que anuncian
el título que en vida tuvo su ocupante: "REX"
Junto a la iglesia se encuentra la torre-campanario, de dos cuerpos separados
por imposta y gárgolas en las esquinas, que abre vanos para las campanas
en sus lados E, O y S. Esta torre, de sillarejo bien escuadrado, fue construida
en la segunda mitad del XVIII. En la puerta de acceso a la torre quedan restos
de un pequeño relieve, bastante deteriorado, que representa una figura
sagrada con un libro en la mano izquierda, sentada en una silla de tijera y
enmarcada por una mandorla. Este relieve románico del siglo XII constituye
el único resto que nos ha llegado de la antigua iglesia medieval.
A lo largo de los siglos se acumularon en el monasterio numerosos piezas de
arte sacro, entre las que cabe destacar el retablo del altar mayor, la sillería
del coro, el arca de plata que contenía los restos del santo y una gran
cantidad de objetos de uso litúrgico. Buena parte de este tesoro artístico
se encuentra en la actualidad en la catedral de Barbastro y en su museo diocesano.
La sillería de la iglesia de Boltaña, hermoso trabajo de ebanistería
con tallas muy notables, también procede de San Victorián.
En la actualidad el Monasterio se encuentra en fase de restauración,
habiéndose iniciado sus obras en el año 1992, lo que dificulta
el acceso al interior pero no su contemplación externa. |