Los pueblos

Los pueblos del valle

sep
VEN A DESCUBRIRLOS

Sorprende al visitante la miríada de pequeñas poblaciones que salpican el mosaico de campos y praderas o se camuflan en el monte. Algunas fueron, en su día, municipios independientes, aunque la mayoría se integraba en entidades municipales mayores a modo de barrios. Ejemplos de este hábitat disperso son las antiguas aldeas de Muro de Roda, las que pertenecían a Morillo de Monclús, las que componen Toledo de la Nata o las del despoblado Pallaruelo de Monclús.

Muchos de sus nombres señalan esos y otros vínculos de origen o de dependencia feudal entre localidades, así Muro de Roda, Humo de Muro, El Pocino de Charo, Humo de Rañín, Salinas de Trillo, Samper de Trillo o Morillo de Monclús.

Un buen número de esos lugares son ahora testigos mudos de un pasado todavía reciente, afectados por la implacable despoblación sufrida en el siglo XX y convertidos en reductos de una belleza encontradiza, indeleble. El resto, los veinticinco núcleos habitados, se han agrupado desde los años sesenta en dos municipios, el de La Fueva, con capitalidad en Tierrantona y Palo. Sus recursos principales siguen siendo agroganaderos, basados en el cultivo de cereales, plantas industriales, forrajeras y frutales y en la cría de ganado porcino, vacuno y lanar. Todo ello queda reflejado en el carácter de sus habitantes, independientes y siempre abiertos al trato con la seguridad que da esa vieja y tenaz convivencia con el medio. A esa idiosincrasia se suma el fobano, la lengua del país.


Los pueblos del valle

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VEN A DESCUBRIRLOS

Sorprende al visitante la miríada de pequeñas poblaciones que salpican el mosaico de campos y praderas o se camuflan en el monte. Algunas fueron, en su día, municipios independientes, aunque la mayoría se integraba en entidades municipales mayores a modo de barrios. Ejemplos de este hábitat disperso son las antiguas aldeas de Muro de Roda, las que pertenecían a Morillo de Monclús, las que componen Toledo de la Nata o las del despoblado Pallaruelo de Monclús.

Muchos de sus nombres señalan esos y otros vínculos de origen o de dependencia feudal entre localidades, así Muro de Roda, Humo de Muro, El Pocino de Charo, Humo de Rañín, Salinas de Trillo, Samper de Trillo o Morillo de Monclús.

Un buen número de esos lugares son ahora testigos mudos de un pasado todavía reciente, afectados por la implacable despoblación sufrida en el siglo XX y convertidos en reductos de una belleza encontradiza, indeleble. El resto, los veintisiete núcleos habitados, se han agrupado desde los años sesenta en dos municipios, el de La Fueva, con capitalidad en Tierrantona y Palo. Sus recursos principales siguen siendo agroganaderos, basados en el cultivo de cereales, plantas industriales, forrajeras y frutales y en la cría de ganado porcino, vacuno y lanar. Todo ello queda reflejado en el carácter de sus habitantes, independientes y siempre abiertos al trato con la seguridad que da esa vieja y tenaz convivencia con el medio. A esa idiosincrasia se suma el fobano, la lengua del país.


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