Valle de La Fueva, Pirineo Aragones (Huesca)

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Entorno y Naturaleza

Flora

El tejo (Taxus bacata) es un árbol de hoja perenne, no muy frecuente, que crece disperso entre bosques de otras especies. Las semillas tienen una envoltura carnosa de color rojo que atrae a los pájaros, estos frutos son comestibles pero el resto del árbol es altamente tóxico pudiendo ser mortal para el hombre y algunos animales.

El serbal de cazadores es otro habitante típico de los bosques mixtos de zonas húmedas, es un árbol de hoja caduca cuyos frutos forman unos vistosos racimos que se vuelven rojos al madurar en septiembre y perduran en el árbol hasta el invierno, son comestibles y muy apreciados por algunas aves por lo que eran utilizados como cebo por los cazadores.

A la misma altitud que el abeto, pero por la vertiente opuesta, soleado, abrigado de los vientos húmedos y de las nieves persistentes, nace el pino silvestre. Sus hojas glaucas, llevadas por un fuste escamoso y rutilante hacia la parte superior, deja filtrar hasta el suelo una luz suave que favorece una flora semejante a la de las landas y prados cercanos. El pino silvestre (Pinus silvestris) es el árbol típico del piso montano seco. Es una preciosa conífera que alcanza los 30 metros de altura, siendo el que más madera produce del Pirineo oscense. Resiste condiciones ambientales muy duras y coloniza todo tipo de suelos, desde los rocosos y pedregosos con muy poca humedad hasta los suelos profundos, donde convive con el abeto, llegando en ocasiones a subir hasta los dominios del pino negro. La explotación generalizada de todos los bosques del piso montano ha favorecido la dispersión del pino silvestre, que espontáneamente ocupa los claros de quejigal, los del hayedo y los del abetal.

En zonas apropiadas bajo el pinar se desarrollan diversos arbustos como el boj, el acebo y una capa de musgos, a veces muy gruesa, que cuando se empapa de lluvia guarda la humedad durante largo tiempo. En estos bosques también podemos encontrar arándanos, fresas, frambuesas, flores como las hepáticas y llamativos lirios como el martagón y el lirio del pirineo.

Entre la larga lista de especies que adornan el campo con sus inflorescencias caben destacar por su belleza los narcisos de los poetas (Narcissus poeticus) y los Pseudonarcissus, que embriagan el aire de un agradable aroma y ponen una pincelada de blanco sobre el verde del prado. El amarillo lo ponen los dientes de león (Taraxacum officinale), las primaveras ó prímulas (Primula veris y P. elatior) y los ranúnculos; otras flores muy significativas son las anemones (Anemone nemorosa). Entrado junio podemos disfrutar de las azucenas silvestres (Paradisea liliastrum) en lugares expuestos al sol, mientras que las lavandas pirenaicas (Lavándula angustifolia sp. Pyrenaica) tendrán que esperar hasta julio en los sitios calizos y pedregosos algo secos. Dentro de las orquídeas, destaca por su rareza y escasez los zuecos (Cypripedium calceolus). Se trata de una de las especies más recolectadas por su vistosa bolsa central de color amarillo, un irresistible reclamo para los polinizadores que resbalan hacia el interior fecundando irremediablemente la flor a su salida.


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