Valle de La Fueva, Pirineo Aragones (Huesca)

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LUGARES DE INTERÉS EN LA FUEVA

EL CASTILLO DE SAMITIER Y LAS ERMITAS DE SAN  EMETERIO Y SAN CELEDONIO

El conjunto militar y religioso de Samitier es un lugar emblemático de la frontera organizada por el rey pamplonés Sancho III el Mayor entre 1017 y 1035 y, tras su muerte, por sus hijos Gonzalo de Sobrarbe y Ribagorza y Ramiro I de Aragón, el heredero de los territorios de su hermano asesinado en 1044.  Desde este vertiginoso emplazamiento sobre el estrecho de Entremón, se protegía el acceso por la ribera del Cinca y los diferentes pasos que comunicaban ambas orillas.


EL   CASTILLO

Otra puerta en el muro Norte nos adentra en la fortaleza.  Hay restos de muralla en el flanco occidental, entre los que destaca un cubo cuadrangular.  Al fondo, se leva el bastión principal, una torre de planta hexagonal irregular que tan sólo debió tener dos pisos.  El inferior presenta el acceso al Suroeste, varias aspilleras y un aljibe rectangular que estuvo abovedado.  El superior únicamente conserva una ventana sobre la puerta.  Al Sur, en una mota cercana, un baluarte circular completa el sistema defensivo.

LA  IGLESIA

La restauración de 1996-1997 le devolvió buena parte de su aspecto original románico.  Su posición la convierte en el baluarte que cierra el acceso al recinto.  De hecho, la primitiva entrada elevada, similar a la de cualquier atalaya, permanece reconvertida en ventanal sobre el actual ingreso.  Sobre la esquina Noroeste, una estancia o torreón cuadrado incrementa este carácter castrense y todo el edificio transmite la austeridad propia de la arquitectura fronteriza.

Por ello, sorprende todavía más el ambicioso plan de tres naves con sus correspondientes ábsides semicirculares.  Para justificarlo, algunos autores apuntan la posible presencia de una comunidad de monjes soldado, algo que también encajaría con la advocación a dos mártires hispanos, soldados del ejército romano.

Ante la necesidad de nivelar el terreno, se ideó una cripta bajo la nave meridional.  En esta zona, pilares de triple esquina indican que se proyectaron bóvedas de arista para cubrir el espacio.  Este recurso, típico de los maestros lombardos, señala su trabajo aquí hacia 1030-1040.  Las obras quedaron inconclusas y otra cuadrilla de albañiles las retomó entre 1045-1055, empleando bóvedas de medio cañón para las naves y de horno para los ábsides.  La cripta quedó muy desvirtuada cuando, en un momento avanzado de la Edad Media, se abrió la entrada a pie llano y se sustituyó la antigua escalera pegada al muro por otra más amplia, que eliminó el abovedamiento de los pies.


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